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  • Fundación Amandla

Conoce la experiencia de nuestra primera voluntaria en terreno.

Si tuviera que resumir mi experiencia como voluntaria de Amandla en una palabra, sería AGRADECIMIENTO. Es muy fácil elegirla. Lo único que siento en mi corazón es agradecimiento, en primera instancia por conocer tantas personas que lo único que hicieron fue hacerme sentir parte de un proyecto maravilloso.


Agradecimiento, porque la manera de vincularse, me hizo crecer. El estar en las mañanas en las diferentes salas de clases y en las tardes trabajando en las casas con los niños y niñas y con sus familias, me hizo crear diferentes vínculos, los cuales a pesar de los años siguen existiendo.


Agradecimiento, por crecer. Crecer como persona, porque puedo decir que estando en Xitlhelani experimenté que las fronteras no existen, que los niños y niñas son lo máximo y que a los ojos de ellos no existen prejuicios ni limitantes. Estoy más que convencida que el futuro de los niños y niñas debe empezar a trabajarse desde que nacen, con buenos tratos y relaciones que sean amorosas. Hablar desde lo positivo y generar confianza en los espacios de interacción es primordial para generar bienestar.


Me gustaría agregar también que me sorprendió la fortaleza de la mujer y madre como centro del movimiento familiar. En mis experiencias laborales con diferentes familias, me he podido percatar que si no existe un motor que movilice, es difícil lograr resultados. Y en la mayoría de las familias que participan de la fundación eran las mujeres y madres las que creían y valoraban la educación como un camino que les permitía a sus hijos avanzar, crecer y experimentar nuevas experiencias.


Es por esto que “agradecimiento” es mi palabra favorita para resumir esta experiencia. Estoy agradecida porque volví hace casi 3 años y aún sigo llena de amor por todo lo vivido.


¡Juntos somos uno!


Escrito por: Valentina Higueras

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