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El origen del sueño (que nos mantiene despiertos)

Actualizado: ago 31

Dejé el país, mi hogar, el puesto de trabajo y el ingreso fijo mensual buscando un sueño que me mantuviera despierto. En 2012 partí a Sudáfrica como único voluntario de una ONG. Llegué a Xitlhelani, una aldea rural en que se habla otro idioma, las temperaturas superan los 40°C y la comida es muy distinta.


Llegué a trabajar al huerto orgánico de una escuela, hice clases y busqué fondos para mejorar la infraestructura del recinto. Al poco tiempo, me di cuenta que a esa escuela asistían, en su mayoría, estudiantes provenientes de otras localidades menos vulnerables. Durante la estadía intenté convencer a la ONG de trabajar fuera de la escuela, con y para la gente de la aldea. Pero no se pudo.


Cumplido el año de contrato volví a Chile. Aunque solo dos meses después, ya estaba de regreso en Xitlhelani, con la convicción y los sueños intactos. Esta vez sin ahorros ni Visa. Cada tres meses tenía que salir del país para volver a ingresar.


En poco tiempo logramos realizar distintas asambleas participativas con la comunidad. Se les invitó a soñar de manera responsable, moderando las expectativas y reforzando la importancia de trabajar en conjunto para el cumplimiento de esos sueños. Nadie nunca les había preguntado qué era lo que querían.


Pasados los meses, me visitó un amigo. Le conté que el mayor sueño de la gente era que sus niños estudiaran en dos colegios privados, los con mejores resultados académicos de la zona. Ante la falta de recursos y la consecuente necesidad de volver a Chile, acordamos que antes de regresar, dejaría pagada la matrícula y mensualidad de cuatro niños de 4 años de edad.


Ya en Chile, conscientes de haber partido desde la acción del apadrinamiento, entendimos que necesitábamos organizar y darle forma a este modelo. Con más sueños que recursos, comenzamos a sumar gente al proyecto. Obtuvimos personalidad jurídica como fundación, conseguimos más becados, padrinos, socios, y colaboradores provenientes de distintas partes del mundo. Al año siguiente, logramos enviar a nuestros primeros voluntarios, contratamos a un coordinador local, fortalecimos lazos con las escuelas de la zona y también con la jefatura de la aldea.


Los invito a conocer lo que ha sido este camino, lo que somos y lo que hacemos, a través de nuestra página web y redes sociales. Hoy seguimos trabajando en aras de un futuro mejor con nuestros becados y sus familias. Lo hacemos con orgullo y como co-responsables de este sueño que comenzó hace varios años y que todavía nos mantiene despiertos.


Escrito por: Juan Pablo Winter

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FUNDACIÓN AMANDLA

Creemos en la educación como una herramienta clave para lograr cambiar la realidad y trabajamos en el terreno contribuyendo en la disminución de la pobreza en Sudáfrica. Mediante la educación y el otorgamiento de becas a niños y niñas, estos se forman en colegios bilingües y tienen así mayores oportunidades de salir del círculo de la pobreza en el que se encuentran. Respetamos siempre su cultura y les acompañamos en su proceso escolar.

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